Sunday, August 14, 2011

La posmodernidad, el fin del arte y los medios de comunicación: una breve revisión historiográfica

[Trabajo realizado para culminar el curso Teorías Contemporáneas del Arte y la Cultura dictado por Ariel Schettini y Daniel Link entre marzo y julio del 2010 como parte de la Maestría que curso en la UNTREF]



Hacia 1963, todo el equipo de serigrafía del taller de Andy Warhol le ocupaba la mayor parte de su departamento.  Por ello que decidió rentar un piso de almacén al cual le llamó The Factory (La Fábrica).  Éste se convirtió -además de un centro de fiesta las 24 horas- en, literalmente, una fábrica de obras; haciendo que su concepto de reproducción de obras se llevara al límite.  Aquí Warhol produjo una grandísima cantidad de obras pero también desarrolló un estilo de vida muy acorde a los tiempos en que vivía.  Además de convertir su producción artística en una industria, se hizo partícipe de la escena de las celebridades de Nueva York.  Se veía acompañado de grandes figuras del entertainment, los cuales utilizaba muchas veces para sus propias obras.  Recientemente, John Cale, integrante de la banda Velvet Undergroung (manejada por Warhol), comentó- “No se llamaba The Factory gratuitamente, allí era donde ocurría la línea de montaje de las serigrafías. Mientras alguien estaba haciendo una serigrafía, otra persona estaba rodando una película. Cada día ocurría algo nuevo.  Creo que él [Warhol] se sumergía en todo lo que imaginaba.”[1]  Ciertamente, Warhol no inventó la idea del artista como celebridad pero mientras otros artistas como Picasso, Dalí o Pollock eran artistas primero y celebridad después, para Warhol la fama era igual de importante que el arte.

Andy Warhol en The Factory. 1966–67
Imagen: The Andy Warhol Museum, Pittsburgh

La actitud de Warhol y toda esta idea de las celebridades, la súper producción de obras de arte bajo la explotación sus medios de reproducción demuestran la influencia de los cambios socio-políticos y, sobre todo, los avances tecnológicos en el que se vivía en aquella época.  Además, su figura logró marcar, al igual que Duchamp a principios de siglo, una ruptura en todo lo que concierne a la producción, apreciación y recepción del arte ante el público.  Así mismo, fue uno de los artistas que suscitó el repensar el arte de la época, ver en qué situación se encontraba y lo que estaba por venir.

Años después, para 1985 Gianni Vattimo (filósofo y político italiano nacido en Turín en 1936) nos presenta su ensayo “Muerte o crepúsculo del arte”[2] en el que nos habla sobre la estatización generalizada de la vida a causa de la influencia de los medios de comunicación masivos lo cual, según él, provocó el fin del arte.  Y es que en la actualidad, o más bien, desde comienzos del siglo XX se ha visto una gran evolución en técnicas, temáticas y formas de expresión que han dado lugar a un sin número de movimientos o corrientes artísticas.  Junto con el desarrollo de estas vanguardias artísticas se han suscitado una serie de afirmaciones, polémicas, reflexiones en las que se anuncia el fin o muerte del arte.  

Esta idea del fin del arte, afirmada por Hegel, fue retomada durante los años ochenta por autores como Gilles Lipovetsky (La era del vacío, 1983), Arthur Danto (El fin del arte, 1984), Gianni Vattimo (El fin de la modernidad, 1985), y Jean-François Lyotard (La posmodernidad explicada a los niños, 1986) quienes generaron ideas sobre las nuevas formas de representación y producción en las artes visuales dentro de la condición posmoderna.  Éstos, entre otros autores, se dieron cuenta del cambio histórico que había ocurrido en la producción de las artes visuales.  Comentaban asimismo, que la manera de ver, interpretar y criticar el arte actual, contemporáneo o posmoderno (como se le quiera denominar) ya no podía ser la misma.  Los cambios en las técnicas, espacios de representación, tipos de producción, temáticas y otros han hecho que no se pueda evaluar este arte de la misma forma que se hace con el arte moderno y todo el anterior a éste. 

Por ejemplo, hacia 1984 Arthur Danto declaraba que los grandes relatos legitimadores que definieron primero el arte tradicional, y más tarde el arte modernista, no sólo habían llegado a un final, sino que el arte contemporáneo no se permite a sí mismo ser representado por relatos legitimadores.  Retomando los escritos de Hans Belting sobre la era del pre-arte y la era del arte[3], así como los de Clement Greenberg sobre la definición de lo moderno[4], Danto considera que los relatos del arte actual han llegado a su fin, pues ya no es posible ninguna narrativa, iniciándose de esta manera la post historia del arte encarnada en el arte contemporáneo.  Posteriormente, el autor realiza una nueva reflexión en torno a sus declaraciones de los años 80 en su libro Después del fin del arte: El arte contemporáneo y el linde de la historia (1997) aclarando que el arte de esa época (fines de los noventa) es el arte después del fin del arte.  Para Danto, esto no significa literalmente que el arte haya muerto, sino que lo que ha muerto es la narrativa que determina sus lineamientos.  Hoy día no existe ese “linde de la historia” -termino acuñado por el autor de una frase de Hegel- pues todo está permitido.  Según Danto, es un momento de profundo pluralismo y total tolerancia, al menos (y tan sólo) en arte.  No hay reglas[5].  Así como he mencionado al comienzo de este escrito, para este autor, el paso entre arte moderno y arte contemporáneo fue dado por Andy Warhol y el arte pop.  La obra clave para él fue la presentación de las esculturas Brillo Box en la exhibición de la galería Stable de la calle 74 East de Manhattan en abril de 1964 donde, al incorporar un objeto común a la categoría del arte, se cuestiona la diferencia entre arte y realidad.  Sin embargo, Warhol no incorpora el objeto real, sino la imagen masiva que se tiene de estos objetos. 

Y es entonces cuando recordamos el famoso escrito de 1936 por Water Benjamin (Alemania, 1892-1940) titulado “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica” en el que vaticinaba la pérdida del aura en las obras de arte a causa de los medios de reproducción masivos.  Reconoció que el momento de autenticidad se perdió en las artes tradicionales pero sobretodo en el cine, pues se transformó el modo de percepción.  El grado de importancia que Benjamin adjudica a la evolución, o más bien revolución, de la técnica se debe a que reconoce su carácter político, pues al ser reproductible se vuelve propiedad de las masas.  Político, en el sentido de que ahora el espectador es un crítico.  Las nuevas tecnologías han cambiado la manera de mirar el mundo y, por lo tanto, las formas de acceder a éste.

De vuelta a los ochenta con Vattimo, en su ensayo “Muerte o crepúsculo del arte” desarrolla, al igual que Danto, sus ideas sobre el fin del arte y la estatización total de la vida; ideas desarrolladas a partir de las influencias nihilistas de filósofos como Martin Heidegger y Friedrich Nietzsche.  Contempla la idea de que la posmodernidad expresa un mundo dominado por los medios de comunicación y que las técnicas usadas por él permiten pensarlo de otras formas que ya no son las modernas.  La distribución de imágenes y el impacto de la técnica (reproductibilidad) ahora está siendo manejado por los medios de comunicación.  Como consecuencia, estos factores han provocado una estatización generalizada de la existencia que es comprendida como una ‘explosión’ de la estética fuera de los límites institucionales que le había fijado la tradición[6] (el museo o la galería).  En otras palabras, el horizonte del arte está siendo reflejado en nuevos espacios no artísticos como la publicidad, el diseño, la moda, así como el land art, el body art, el graffiti, los happenings, entre otros.  La estatización total de la vida también instaura e intensifica un lenguaje común en lo social como consecuencia de su distribución a través de la información, la cultura de masas y el entretenimiento.  En este punto, cualquier cosa puede ser llevada del arte a la vida cotidiana y viceversa.

Estas concepciones de Vattimo hacen aludir al reciente documental dirigido por Banksy[7] realizado en el 2010 titulado Exit Through the Gift Shop[8] y que también estuvo nominado para el Oscar este año.  Este documental presenta el proceso de formación de Mr. Brainwash, un artista relativamente nuevo –pues nunca tuvo formación artística- a quien Banksy se encargó de impulsarlo dentro del mundo del arte.  En el mismo se evalúa lo que se conoce como el “Efecto Banksy” presentando el desarrollo del arte urbano y cómo éste pasó de ser una forma de expresión suburbana a pertenecer a las colecciones más grandes, exhibirse dentro de prestigiosas galerías y museos hasta subastarse en Sotheby’s y Christie’s por cantidades inimaginables para esas categorías.  Pero más que esto, es pensar nuevamente sobre la autenticidad del arte y, en este caso, de los mismos artistas ya que, por ejemplo,  al día de hoy aún desconocemos quién es Banksy.  De la misma manera, reflexionar sobre la calidad de estas producciones, pues aunque no son realmente interesantes sí entretienen; aspecto que hoy día tiene mucho que ver con su consumo.  Y es que lo que entretiene y la cultura popular siempre se han llevado de la mano, sobre todo bajo lo que conocemos como kitsch[9].

Entrevista en el estudio de Banksy para
Exit Through the Gift  Shop. 2010

Vattimo también argumenta sobre esto que se acaba de mencionar: lo kitsch, la influencia de la cultura de masas y el arte auténtico pero desde una perspectiva heideggeriana en la que el autor retoma la categoría de la Verwindung respecto a las relaciones que en general se desarrollan en este término: relaciones irónico-cómicas que duplican las imágenes y las palabras de la cultura masificada, no sólo en el sentido de una negación de esa cultura[10].  El arte se vuelve valioso en el momento en que se niega a sí mismo o en el momento del no sé, de la duda sobre si es arte o no.  Estas características son las que frecuentemente escuchamos hoy día como consecuencia de la variación en técnicas, apropiaciones y temáticas que hace cuestionar a muchos sobre la naturaleza artística de ciertos objetos; asuntos típicos del posmodernismo.  El autor continúa apuntando sobre el hecho de que, a pesar de todo, aún hoy se den vitales productos “de arte” se deba probablemente a que esos productos son el lugar en el cual obran y se encuentran en un complejo sistema de relación los tres aspectos de la muerte del arte: como utopía, como Kitsch y como silencio.

En una entrevista realizada en 1990 a propósito del lanzamiento de su libro titulado La sociedad transparente, Vattimo alude al papel de los medios de comunicación y el arte.  "Los medios de comunicación", dice, "son un factor de estetización de la vida, aunque se les ha abordado desde teorías ligadas a la idea del arte tradicional. Yo introduzco la idea de una referencia del arte de vanguardia, en conexión con los medios de reproducción del arte. De ahí que el punto de partida sea [Walter] Benjamin y su discurso sobre el cine. De hecho, la vanguardia anticipa el efecto estético de los medios de reproducción. El arte deja de ser un hecho excepcional y se convierte en cotidiano. Lo que no ha ocurrido es el sueño de Benjamin, de que el fin del arte como hecho excepcional coincidiera con el fin del capitalismo, pero tampoco es posible seguir diciendo, como Adorno, que los media son, casi casi, un instrumento del fascismo…”[11]  

Nuevamente, se confrontan las relaciones entre los medios de producción artísticos, los cambios tecnológicos y por supuesto, la influencia de los medios de comunicación masivos.  El arte ha llegado a un momento de hegemonía total con los medios.  De hecho, debemos recordar que ambos (el arte y los medios de comunicación) trabajan con medios similares –código, canal, mensaje, etc.- reforzando así la utilización de este esquema en el arte y, por lo tanto, la estetización de los medios en el ámbito cotidiano. 

Al pensar en sociedad, cultura de masas y el efecto de lo cotidiano se hace imposible mencionar a Guy Debord y su libro La sociedad del espectáculo (1967), aunque los años que median entre el texto de Vattimo y éste sean notables.  Debord fue el primer autor que analizó críticamente la emergencia de la sociedad espectacular y, aunque en este texto trabaja desde una perspectiva un poco más inclinada a lo social e histórico que hacia las artes plásticas, plantea, como en cierto sentido también Vattimo, el hecho de que algún objeto puede ser llevado del arte a la vida cotidiana y viceversa.  Elaborado bajo las ideas que definieron el grupo cultural revolucionario francés conocido como los Situacionistas, su idea se centraba en que bajo las condiciones imperantes de la producción capitalista, la vida estaba mediada por imágenes.  El espectáculo es un concepto clave al analizar la condición del arte en la era del mass media, pues el espectáculo alude al consumismo de imágenes, enfatizando a la imagen como dominio de ilusión e ideología.  En otras palabras, lo visual como una forma de dominación, que deslumbra y engaña, seduciendo al espectador.  En la sociedad de consumo en la que vivimos se puede reconocer que el espectáculo encuentra su mejor expresión en la imagen que funciona para promover el consumismo.  Esto provoca que el arte como espectáculo sea definido analógicamente con la publicidad en términos de los altos costos de su producción en imágenes usualmente atractivas, impactantes y relacionadas con lo esteriotipado o lo kitsch.  Entonces, si percibimos la realidad a través de la representación, ¿estas representaciones se convierten en nuestra realidad? ¿Qué es lo real entonces?  ¿Cuándo es posible la originalidad?

Estos cuestionamientos son los que han impulsado, como bien sabemos, a una gran cantidad de artistas, arquitectos y diseñadores sobretodo a partir de los años 60 con el arte pop y posteriormente con el arte conceptual.  Frecuentemente se citan o apropian motivos de imágenes del pasado en nuevos contextos, así como se deconstruyen imágenes de su significado convencional como lo han desarrollado artistas como los estadounidenses Mike Bidlo (Illinois, 1953), Louise Lawler (Nueva York, 1947), Sherry Levine (Pensilvania, 1947) y Barbara Kruger (Nueva Jersey,  1945). 

Otro ejemplo dentro de lo kitsch y la utilización de imágenes cotidianas, la cuestión de la autenticidad y el high art es la obra del artista Jeff Koons (Pensilvania, 1955).  Koons se convirtió en un hito de los años ochenta, pues tuvo la habilidad de representar los valores y deseos de todo un periodo.  Se dio a conocer con obras en escultura de tipo conceptual y, luego, con la pintura, la fotografía y esculturas a nivel monumental como Puppy -un perro gigante hecho en flores naturales ubicado frente al Guggenheim de Bilbao- influenciadas por el arte Pop, Minimal y, principalmente, en lo Kitsch.  Su obra exalta, pero a la vez critica con cierto humor, lo superfluo y el ámbito consumista así como los medios masivos y la publicidad.  Koons transformó la banalidad de lo común en una necesidad vital y fascinante en sus primeras obras inflables de animales y flores en los que celebraba la seducción de la inocencia.  Así mismo, en sus inicios en la década del ochenta utilizó objetos cotidianos como en las series “Prenew” y “The New” en las que combinaba de todas las maneras posibles en vitrinas de plexiglás objetos de la vida cotidiana presentes en la mayoría de los hogares como cafeteras, aspiradoras y radiadores presentados como metáforas erotizadas de la innovación y bienestar.    

Balloon Dog. 1999-2000
Exhibición en el Palacio de Versalles. 
11.septiembre.2008 al 4.enero.2009

De igual forma, su obra juega con los contrastes (y no sólo iconográficamente).  Su selección de materiales es igualmente importante ya que tiene como objetivo revocar los prototipos generalmente asociados con el arte.  Con sus flores plásticas, figuras chinas de estilo kitsch y sus animales de juguete gigantes hechos en stainless steel, sus obras parecen muebles gigantes, como si el artista quisiera confundir el arte con la decoración.  Pero al mismo tiempo, mientras Koons busca borrar las concepciones mentales que distinguen el arte de la artesanía, también se aleja de la realización física de la obra.  Así como Andy Warhol en The Factory –y bajo el nuevo concepto de Neo-Pop o Post-Pop– Koons emplea, literalmente, sobre cien asistentes y encarga trabajo a fábricas especializadas articulando ambiguamente la relación entre arte y tecnología. 

Jeff Koons en su taller de estudio / fábrica
 en Chelsea, Manhattan, Nueva York

Así como ocurre con Koons, los cuestionamientos hacia lo auténtico, el límite de lo reproductible en el arte, los conceptos o temáticas extraídos de lo cotidiano, lo banal y lo lúdico son cada vez más frecuentes en el arte contemporáneo.  Hoy día, con los avances tecnológicos, que ya abruman nuestras vidas pero a la vez nos encantan, el arte se ha convertido en todo, o más bien, todo se ha convertido en arte.  Así como hicieron en los ochentas los autores que menciono en este escrito, debemos volver a reflexionar sobre la condición actual del arte.  Ya conocemos varios autores que han propuesto sus visiones, nuevas lecturas y relaciones para con el arte contemporáneo como Nicolas Borriaud y Zygmunt Bauman (por mencionar algunos).  Aún así prevalecen las mismas inquietudes.  Se seguirá transgrediendo entre lo cotidiano y el arte, seguirán apareciendo espacios alternativos de exhibiciones provocando que ya no sólo los espacios tradicionales sean los únicos entes legitimadores, cada vez más todo se inclina hacia lo espectacular –basta con recordar la obra de Christo y Jean-Claude o Damien Hirst y su mayor patrón, el galerista Charles Saatchi, o hasta pensar en la posición que hoy día tiene el mismo Museo de Arte Moderno (MoMA) donde se preocupa más por mercadear dicha institución que por el mismo arte moderno.  ¿Qué podríamos esperar del arte ahora?  Creo que cualquier cosa pues ya todo se ha convertido en un evento, un espectáculo.  El arte se ha legitimado por su consumo.  Ya todo es, como Adorno predicó una vez, parte de, literalmente, una industria cultural.


[1]  Jones, Jonathan.  “My 15 minutes. Our interviews with Warhol’s friends ando collaborators continue with John Cale, who Lou Reed formed the Velvet Underground”, The Guardian, Reino Unido, 12 de febrero de 2002.  Accesado via Internet: http://www.guardian.co.uk/culture/2002/feb/12/artsfeatures.warhol
[2]   Vattimo, Gianni.  El fin de la modernidad. Nihilismo y hermanéutica en la cultura posmoderna, Editorial Gedisa, España, 1995, págs. 49-59.
[3]  Para H. Belting (Alemania, 1935) la era del pre-arte incluye todo el arte anterior al Quattrocento (1400 d.C.) donde no hay una conciencia del arte, ligado aún a la artesanía, ni del artista como genio creador.  Las obras de arte en esta época estaban ligadas a un sentido milagroso y no eran admiradas por sus cualidades estéticas.  A partir del Quattrocento comienza la era del arte pues aparecen figuras del artista como genio y existe una nueva conciencia estética.
[4]   C. Greenberg (Estados Unidos, 1909-1994) discute los relatos que conformaron el inicio del modernismo y lo que define como arte puro e impuro.
[5]   Danto, Arthur C. Después del fin del arte: El arte contemporáneo y el linde de la historia, Ediciones Paidós Ibérica, España, 2010, págs. 22-23.
[6]   Vattimo, Gianni.  El fin de la modernidad. Nihilismo y hermanéutica en la cultura posmoderna, Editorial Gedisa, España, 1995, pág. 50.
[7]  Pseudónimo de un prolífico artista del graffiti, pintor, activista político y director de cine. 
[8]  Documental narrado por Rhys Ifans con la aparición de Thierry Guetta, Banksy, Invader, Shepard Fairey, Neckface y Swoon.  Duración: 86 minutes. Clasificada R (para algunos idiomas).
[9]  Lo kitsch o lo estereotipado es una producción propia de la sociedad de consumo por la reproductibilidad técnica; implica una facilidad comunicativa donde el gusto está generalizado.
[10]  Vattimo, Gianni.  El fin de la modernidad. Nihilismo y hermanéutica en la cultura posmoderna, Editorial Gedisa, España, 1995, pág. 55.
[11]  Arroyo, Francesc.  “Vattimo analiza el papel del arte y los medios de comunicación en la posmodernidad”, El País, España, 4 de mayo de 1990.  Accesado vía Internet:


Bibliografía:


Arroyo, Francesc.  “Vattimo analiza el papel del arte y los medios de comunicación en la posmodernidad”, El País, España, 4 de mayo de 1990.  Accesado vía Internet:
Barker, Emma (ed.). Contemporary Cultures of Display, Yale University Press, New Haven & London en asociación con The Open University, Londres, 1999, Introducción, págs. 8-21.
Benjamin, Walter. “La obra de arte en la época de su reproductibilidad técnica”, Discursos interrumpidos, I, Editorial Taurus, Madrid, 1982.
Cosulich Canarutto, Sarah. SuperContemporanea: Jeff Koons, editado por Francesco Bonami, Editorial Electa, Milán, 2006.
Dannatt, Adrian. “Jeff Koons on his Serpentine show, his inspirations and how his studio system works”, The Art Newspaper, Issue 204, Julio/Agosto 2009. Publicado en internet el 5 de agosto de 2009.  Accesado en: http://www.theartnewspaper.com/articles/Jeff-Koons-on-his-Serpentine-show-his-inspirations-and-how-his-studio-system-works/18566
Danto, Arthur C. Después del fin del arte: El arte contemporáneo y el linde de la historia, Ediciones Paidós Ibérica, España, 2010
Debord, Guy.  La sociedad del espectáculo, Biblioteca de la mirada, La marca Editora, Argentina, 2008.
Dempsey, Amy. Styles, Schools and Movements: The Essential Encyclopaedic Guide to Modern Art, Editorial Thames & Hudson, Londres, 2002.
Jones, Jonathan.  “My 15 minutes. Our interviews with Warhol’s friends ando collaborators continue with John Cale, who Lou Reed formed the Velvet Underground”, The Guardian, Reino Unido, 12 de febrero de 2002.  Accesado via Internet: 
Vattimo, Gianni.  “Muerte o crepúsculo del arte”, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna, Colección Hombre y Sociedad, Serie Meditaciones, Editorial Gedisa, España, segunda edición, 1987, págs. 49-59.

5 comments:

  1. Muy buen ensayo. Y, más aún, excelentemente documentado. Te felicito.

    Pero vale hacer una pregunta: ¿Piensas que estos conceptos –resumidos dentro del contexto de lo posmoderno en el arte– han sido "digeridos" de igual manera en diferentes lugares del mundo desde los Brillo Box de Warhol? Es una pregunta que, pienso, debemos formularnos. Pienso más en el "espectador" que en los artistas, la academia y los pensadores, por supuesto. Pues si es cierto que existe una industria cultural, ésta no puede darse sin el ojo ajeno. Por ahí va la pregunta, y sería maravilloso un ensayo tuyo sobre esto... algún día.

    Muchos saludos.

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  2. TFT, muchas gracias por tu comentario.
    Y sí, ciertamente sería muy interesante abundar sobre el lugar del espectador en distintos lugares del mundo ante las nuevas formas de arte. Considero que en muchos casos las obras se completan con la apreciación del espectador. Por ejemplo, hay obras que no funcionan hasta que se recibe una respuesta como efecto de la provocación del artista y otras necesitan la participación directa del público como en el caso de los happenings. Me pondré a pensar al respecto para ver si en un futuro comento ampliamente sobre el tema.
    Gracias nuevamente por la sugerencia y por leer el blog :)

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  3. Por nada, y gracias a ti por escribir este blog tan interesante. Ojalá un día te entusiasmes y escribas sobre el tema (o, quizás, subtema) que mencioné.

    ¡Muchos saludos!

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  4. Un artículo sobre Danto:

    Danto, ese sabio

    http://www.margencero.com/almiar/arthur-danto/

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  5. JORGE ROARO:
    PARTE I: DANTO Y SU VISIÓN DEL ARTE
    RTHUR COLEMAN DANTO (1924-2013) fue indudablemente uno de los más influyentes pensadores dedicados en el último medio siglo a reflexionar sobre la naturaleza del arte y el papel que éste juega en nuestro mundo hoy en día; desafortunadamente, eso no significa que este filósofo del arte haya contribuido gran cosa a enriquecer o a ayudar a entender mejor nuestra experiencia estética ante los fenómenos artísticos, ni mucho menos que haya aportado algo concreto que permitiese enderezar un poco el camino que sigue el arte institucional contemporáneo para sacarlo de su actual decadencia y mediocridad. De hecho, me parece que fue todo lo contrario, de modo que en las siguientes páginas trataré de explicar brevemente por qué creo que la influencia filosófica de Danto ha sido francamente negativa para el desarrollo de nuestra visión del arte contemporáneo.

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