Monday, July 4, 2011

La libertad de expresión no existe. Algunas anotaciones sobre el caso de censura de León Ferrari y otros ejemplos en el campo artístico puertorriqueño

Los primeros dos puntos del artículo 19 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (1966) declaran lo siguiente: 
  1. Nadie podrá ser molestado a causa de sus opiniones.
  2. Toda persona tiene derecho a la libertad de expresión; este derecho comprende la libertad de buscar, recibir y difundir informaciones e ideas de toda índole, sin consideración de fronteras, ya sea oralmente, por escrito o en forma impresa o artística, o por cualquier otro procedimiento de su elección.
Sin embargo, muchas veces y, sobretodo en las expresiones artísticas, estos derechos se violan provocando la censura de muchas obras de arte o eventos artísticos.  Comento sobre esto pues durante estas pasadas semanas en una de mis clases se estuvo discutiendo sobre la exhibición retrospectiva del artista argentino León Ferrari.  Esta exhibición se llevó a cabo en el Centro Cultural Recoleta (CCR) de la ciudad de Buenos Aires desde el 30 de noviembre de 2004 hasta el 27 de febrero de 2005.  En la misma se presentaron obras producidas entre 1954 y 2004 representativas de ese Ferrari combativo y rebelde –actitudes que, además de la dictadura por la que atravesaba el país, obligaron su exilio a Brasil en 1976–.  La obra de Ferrari se caracteriza por fluir entre tres ejes principales y que a la vez son los catalizadores de sus denuncias: las guerras, todas las formas de intolerancia y la iglesia católica.  

León Ferrari. La civilización occidental y cristiana. 1965



En la exhibición de Recoleta varios sectores de la sociedad bonaerense irrumpieron en la exhibición, atacando piezas y realizando manifestaciones en contra de la exhibición (hasta con gases lacrimógenos) en las mismas galerías del Centro con el propósito de que la justicia intervenga y cierren la muestra.  Tanto revuelco se formó que tuvieron que cerrar la sala por unos días en lo que se trataba de llegar a un acuerdo.   Pero lo genial del asunto es que de momento se volvió todo un evento como nadie había pronosticado.  En el libro El Caso Ferrari Andrea Giunta describe en pocas palabras todo lo que aconteció: “durante los cuarenta días que la retrospectiva de León Ferrari estuvo abierta al público, convocó a 70,000 espectadores; generó inmensas colas para ingresar en sala; fue recorrida por abogados y jueces; provocó la destrucción de obras y manifestaciones multitudinarias en su apoyo; dio lugar a casi 1,000 artículos de prensa; recibió mensajes de apoyo y de repudio; originó una solicitada en su defensa con 2,800 firmas; hizo necesario extender el horario de la exhibición hasta pasada la medianoche; ocupó en varias oportunidades las primeras planas de los diarios; fue clausurada por la justicia y nuevamente abierta por ésta.” (GIUNTA 2008: 7)
Creo que nadie se esperaba tanto revuelo por esta exhibición: muchos que rechazaban, otros que apoyaban, unos que odiaban y otros que iban a verlo en señal de admiración por su propuesta y calidad plástica.  Lo curioso es que luego de todo esto, Ferrari fue galardonado con el León de Oro en la Bienal de Venecia (2007) por una de las obras que se presentó en la exhibición del CCR: La Civilización Occidental y Cristiana (imagen arriba), siendo esto un ejemplo más de todos aquellos artistas que en su tierra reciben rechazo o censura de alguna manera pero que en el exterior son admirados justamente por lo que hacen.  La obra con la que ganó este Premio data de 1964 y según el artista fue realizada en como protesta contra la Guerra de Vietnam.  Durante esta década Ferrari participó de exhibiciones como Malvenido Rockefeller, en el que protestaban en repudio a la visita del politico a la Argentina, y de colectivos como Tucumán Arde


Jorge de la Vega. Mal Venido Rockefeller. 1969

Un caso similar le ocurrió en otra muestra realizada en el 2000 en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (ICI) del cual Ferrari comenta:
"A diferencia de la práctica tradicional de los artistas que cuando les censuran una pieza retiran toda su obra, yo dejo el resto, porque me parece que la censura forma parte de la obra. En el caso del ICI, por ejemplo, era mejor el espectáculo de la gente afuera que lo que pasaba adentro… Hicieron una misa en la puerta y rezaban el rosario, con carteles y figuras religiosas. Hasta me tiraron una granada de gas lacrimógeno. Con la reacción del publico las obras se vuelven una verdadera intervención. En el 92 expuse una obra que se llamaba La Justicia, en la que una gallina defecada en una balanza y me escribieron de todo: “Qué culpa tiene la gallina de que vos quieras hacer arte”, “Gallo: cagate en este arte deshumnanizante” y “Ojalá te encierren a vos”. Con eso armé al año siguiente una muestra que se llamó Autocensura. La gallina, esta vez, estaba embalsamada."
Diario Clarín. 31 de mayo de 2000
Pero este asunto no se queda aquí.  Así como sucedió con Ferrari y sus obras a través de toda su carrera en otros países hemos visto casos similares.  En el caso particular de Puerto Rico podemos nombrar varios casos pero no me ocuparé de enumerarlos todos por los que comentaré algunos solamente. 
1.  Durante la primera mitad del siglo XX una de nuestras primeras mujeres artistas fue muy críticada por el establishment por sus pinturas de desnudos.  Esto ocurrió durante la exposición The American Artists Professional League llevada a cabo en el Casino de Puerto Rico del 1 al 7 de noviembre de 1939.  Las obras que expuso fueron Daydream (1939), Sin título [Desnudo] (1938) y Autorretrato (1939).


Retrato de Luisa Géigel
y la obra Sin Título [Desnuno]. 1938,
óleo sobre lienzo, 30 1/4" x 24 1/4",
Colección Museo de Arte de Puerto Rico


2.  Otro caso es el de Rafael Ferrer y Rafael Villamil en la exhibición Dos Pintores realizada en el Museo de la Universidad de Puerto Rico (hoy día Museo de Historia, Antropología y Arte, UPR, Río Piedras).  En ésta el público puertorriqueño manifestó su total rechazo pues le parecían demasiado vanguardistas.  
3.  Más reciente, durante el año 2010, en la muestra de la Asociación de Caricaturistas de Puerto Rico en la Comisión Estatal de Elecciones en la que se removieron obras por su contexto político.  Este suceso provocó disgusto entre los caricaturistas pues parte de su trabajo es crear obras en las que se combine el humor y personajes populares (en este caso políticos).  El problema fue que lo hicieron en la Comisión Estatal de Elecciones y como es el gobierno local naturalmente pasó lo que pasó.  No obstante, se gestó otra muestra en solidaridad con lo ocurrido titulada Humor y censura.


Ernesto Araya. Fortunnoccio
4.  Y ni se diga si entramos en el campo de la literatura.  Durante el 2009 el Departamento de Educación de Puerto Rico eliminó cinco libros del currículum del undécimo grado del sistema escolar público: Antología personal de José Luis González; El entierro de Cortijo de Edgardo Rodríguez Juliá; Mejor te lo cuento: antología personal de Juan Antonio Ramos; Reunión de espejos antología de ensayos de autores puertorriqueños editada por José Luis Vega; y Aura del mexicano Carlos Fuentes.  Todos retirados por aparentemente contener lenguaje y vocabulario inaceptables que son extremadamente burdo y soez
Aquí les paso un link donde Mayra Santos Febres comenta sobre el asunto y presenta una lista sobre los libros que han sido quemados, retirados de currículos de enseñanza o censurados.
Sobre este tema, como se diría popularmente, “hay tela para cortar” pero lo que me interesa es poder reflexionar sobre los puntos básicos que presento: arte, censura y libertad de expresión; y al mismo tiempo sobre el poder dentro de la toma de decisiones sobre lo que es políticamente correcto. ¿porqué le damos la razón a un punto de vista y no a otro? ¿quién construye la objetividad? ¿acaso podemos dejarnos regir por una sola forma de pensar? ¿existe sólo una interpretación sobre algún texto o una obra de arte? ¡No creo!  Todo es como dijo en su momento Nietsche: “No hay hechos sólo interpretaciones”. 


Bibliografía:
GIUNTA, Andrea (compiladora). El caso Ferrari. Buenos Aires: Ediciones Licopodio, 2008.

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